En las sociedades modernas la juventud y la belleza son sinónimo de éxito y aceptación a nivel personal y profesional.
Por esta razón es que nos preocupa tanto el deterioro estético y fisiológico de la piel provocado por el paso del tiempo.
Con el transcurso de los años, los mecanismos de defensa de nuestro organismo contra fenómenos endógenos (involución de los procesos internos) y exógenos (agentes externos) disminuyen su eficacia, apareciendo evidencias estéticas de daño cutáneo. Entre las más habituales podemos citar las discromías (manchas en la piel), el engrosamiento de la epidermis, la perdida de turgencia, elasticidad y luminosidad, etc.
El deterioro de la matriz extracelular y la ruptura de las fibras proteicas (colágeno, elastina y demás proteínas del tejido conjuntivo provocan la aparición de pliegues de mayor o menor profundidad llamados arrugas o líneas de expresión: los signos más evidentes del envejecimiento de la piel.
El drenaje linfático manual es una forma de masaje que favorece el funcionamiento del sistema linfático, crucial para una marcha eficaz del sistema inmunitario.
Es una técnica de masoterapia que se engloba en el campo de la fisioterapia y en las técnicas de masaje terapéutico. Se puede definir como una serie protocolizada de maniobras manuales muy suaves que, basadas en un profundo estudio de la anatofisiología del sistema linfático, y se realizan con el fin de drenar o desplazar la linfa que por cualquier causa patológica se encuentra estancada a territorios linfáticos sanos para su evacuación normal hacia el torrente venoso.
La clave del éxito del drenaje linfático manual está en el drenaje de las proteínas de los edemas linfáticos, que hoy por hoy, no son capaces de drenarse por medios instrumentales (por ejemplo, la presoterapia, que drena sólo líquido intersticial).